Una travesía marítima histórica: El Camino de Santiago que besa el mar

El sol de la mañana se rompe sobre las tranquilas aguas de la Ría de Arousa, y mientras me preparo para abordar la embarcación, siento una mezcla de excitación histórica y profunda paz espiritual. Este no es un camino de peregrinación ordinario, no es la senda de piedras y tierra que tantos conocen; esta es la Traslatio, la única ruta xacobea barco en Vilagarcía de Arousa que surca las olas, la leyenda viva de un viaje que comenzó hace más de dos mil años. Sumergirse en esta travesía es mucho más que sumar kilómetros a la credencial; es emular, con el viento en la cara, el recorrido que hicieron los discípulos del Apóstol Santiago, Teodoro y Atanasio, al traer sus restos desde Jaffa hasta Compostela. Es una experiencia fundacional que conecta el alma del peregrino directamente con el origen marítimo de la fe en Galicia.

La sensación al deslizarse sobre el agua es radicalmente diferente a la de caminar. El silencio de la ría, roto solo por el murmullo del motor y el grito de las gaviotas, invita a una contemplación que el ajetreo del camino terrestre a veces impide. Desde el mar, el paisaje se transforma; la costa se revela como un tapiz de verdes intensos y pequeños núcleos urbanos que saludan desde la orilla. Lo que más me conmueve es la omnipresencia de las bateas, esas estructuras cuadradas de madera que salpican la ría, demostrando cómo la fe y la tradición conviven con la vibrante industria del marisco. Son pequeñas catedrales acuáticas, donde se cultiva el oro gastronómico de Galicia, y verlas desde la perspectiva del agua ofrece un sentido profundo de conexión con la cultura local.

A medida que navegamos, la espiritualidad única de este recorrido me envuelve. La leyenda cuenta que la barca del Apóstol navegó sin timón, guiada por la providencia, y al pasar por el punto donde la ría se estrecha para convertirse en el río Ulla, uno comienza a entender la magnitud de ese viaje ancestral. Es un trayecto de purificación; la brisa salada parece limpiar las preocupaciones, y el ritmo lento de la navegación obliga a la introspección. Las empresas que ofrecen este servicio suelen detallar la leyenda y la historia de los lugares que pasamos, actuando como guías no solo geográficos, sino también históricos y espirituales. Es fundamental contactar con ellas con antelación, especialmente en temporada alta, y verificar si el servicio que ofrecen incluye el trayecto fluvial completo, que es el clímax de la Traslatio.

El tramo más icónico y emocionante llega cuando la embarcación abandona la anchura de la ría para adentrarse en el río Ulla. Aquí, el paisaje se vuelve más verde, más encajado, y la presencia humana se siente más cercana. Es en este punto donde comienzan a vislumbrarse las míticas Torres del Oeste en Catoira, la antigua Catedral del Mar. Estos vestigios fortificados, que una vez defendieron Compostela de los ataques vikingos, se alzan como centinelas de piedra. Verlas desde el agua es experimentar la historia en carne propia, entendiendo su función defensiva y su importancia simbólica como puerta de entrada fluvial a la sede jacobea. La duración total del recorrido en barco varía, generalmente oscilando entre una hora y media y dos horas, dependiendo del punto de embarque final y las condiciones de la marea en el río.

Para aquellos que deseen obtener la “Traslatio” o el certificado de la ruta marítima, es crucial asegurarse de que la empresa esté acreditada y de sellar la credencial del peregrino tanto al inicio como en el desembarco, que normalmente tiene lugar en Padrón. Este certificado especial, que se suma a la tradicional Compostela (la cual se obtiene tras completar los últimos kilómetros a pie hasta Santiago), es un hermoso testimonio de haber completado la única vía marítima de peregrinación reconocida. Mi consejo práctico es llevar siempre una chaqueta cortavientos, incluso en verano; la brisa del mar es constante y puede ser fresca, y un buen par de prismáticos enriquecerá enormemente la observación de la fauna y los detalles de las orillas.

Al desembarcar en tierra, uno no siente el cansancio físico de los kilómetros andados, sino la energía renovada de la travesía. Dejo atrás la embarcación y me preparo para los últimos pasos a pie, llevando conmigo no solo los sellos en el documento, sino también la memoria imborrable de las luces del Atlántico reflejadas en el agua. La Traslatio no es solo un atajo; es un profundo acto de fe y de conexión con la historia marítima de Galicia.