¿De qué partes se compone el fruto del cacao?

El cacao puro es un ingrediente muy valorado en la elaboración de bizcochos, tartas, brownies y pasteles. Estas delicias reposteras serían muy diferentes de no contar con el fruto del cacaotero (Theobroma cacao L.), árbol originario del Amazonas cuyo consumo se remonta a la América precolombina, hace más de cinco milenios. Antes de comprar fruta cacao, resulta útil conocer las distintas partes que componen estas semillas.
La sección externa y más visible del fruto del cacao es el exocarpio, que se identifica con la vaina o envoltura de estas semillas, de treinta centímetros de largo y diez de diámetro. Su color varía del morado al marrón oscuro, y tiene la misión de proteger el interior de golpes y mordeduras de animales.
Debajo de esta capa inicial se encuentra el mesocarpio, menos leñosa que la anterior, pero también de una dureza considerable. Esta membrana también desempeña un rol defensor de las ‘habas’ del fruto del cacaotero.
Seguidamente, se localiza el endocarpio, la última sección de la cáscara del fruto del cacao. Se distingue por una mayor blandura y humedad. Este tejido está en contacto directo con la pulpa, la última ‘barrera’ que se interpone entre nosotros y las semillas del cacao. Se trata de una membrana pegajosa y húmeda, rica en azúcares, que conservan las semillas en óptimas condiciones.
Después de retirar el exocarpio, el mesocarpio, el endocarpio y la pulpa, el fruto del cacao se muestra tal como es: de veinte a cuarenta habas o pepitas blancas que, después de secarse, posee un color marrón oscuro que asociamos con el cacao puro.
Estas pepitas son la parte más valiosa del fruto del cacaotero, pero el resto no se desaprovecha. Al contrario, la pulpa goza de popularidad en el desarrollo de licores y bebidas alcohólicas, como la cacaguada de Tabasco, en México.