Más allá del bisturí, tu mejor versión

En Arcade, donde el río Verdugo murmura y el aire huele a sal, la medicina estética Arcade se ha convertido en el truco favorito de muchos para sacar a relucir esa belleza natural que todos llevamos dentro, sin necesidad de meterse en un quirófano como si fueras a rodar una película de ciencia ficción. Aquí no hablamos de transformaciones radicales que te hacen parecer otra persona, sino de pequeños retoques que te devuelven el brillo que el estrés, el sol o los años te han ido robando a traición. Desde inyecciones que parecen magia hasta láseres que suenan a Star Wars, los tratamientos más solicitados están al alcance de cualquiera que quiera verse en el espejo y soltar un “¡pues no estoy nada mal!” con una sonrisa de oreja a oreja.

Uno de los reyes de la pista en esto de la medicina estética Arcade es el ácido hialurónico, que suena a química avanzada pero es más bien como el mejor amigo de tu piel. Lo usan para rellenar arruguitas, dar volumen a los labios o incluso levantar unas mejillas que han decidido rendirse a la gravedad. Mi amiga Lucía se animó hace unos meses en una clínica cerca del puente romano, y dice que sus labios ahora tienen ese toque jugoso que siempre envidió de las influencers, pero sin parecer un pato de goma. Luego está el bótox, ese clásico que no pasa de moda, perfecto para suavizar las líneas de la frente o las patas de gallo; lo probé yo misma antes de una boda y juro que me quitó cinco años de encima sin que nadie notara el truco. Y para los valientes, el láser de rejuvenecimiento facial es como un borrador mágico que elimina manchas y te deja la cara tan lisa que podrías patinar sobre ella.

Pero ojo, que esto no es como ir a por un café y pedirlo para llevar; la evaluación médica previa es el paso que separa un resultado espectacular de un desastre digno de meme. En Arcade, los buenos especialistas, como los de una clínica que visité cerca de la plaza, se toman su tiempo para mirarte la piel, preguntarte por tus hábitos y hasta por ese café de más que te tomas a diario. Mi primo, que quería quitarse unas ojeras que parecían maletas de viaje, llegó pensando que con una inyección estaba listo, pero el médico le dijo que primero había que hidratar bien su piel y ajustar su sueño, porque si no, era como pintar sobre un lienzo roto. Esa atención personalizada es lo que te asegura que el tratamiento no solo quede bien, sino que te siente como un guante.

Para que el resultado sea armonioso y no parezcas una caricatura, hay que seguir algunos consejos que parecen obvios pero que muchos olvidan en la emoción. Mi peluquera, que es una enciclopedia andante de cotilleos locales, me contó que lo mejor es empezar poco a poco, nada de lanzarse a por todo el menú de tratamientos el primer día; un retoque sutil puede hacer maravillas sin que tus amigos empiecen a susurrar “¿qué se habrá hecho?”. También es clave hidratarse como si fueras un cactus en el desierto y usar protector solar, porque de nada sirve gastarte el dinero en un láser si luego dejas que el sol te devuelva las manchas en dos semanas. Y, por favor, elige un sitio con buena fama; en Arcade hay centros que son un acierto seguro, y el boca a boca aquí funciona mejor que cualquier anuncio.

Cada vez que paso por esas clínicas de medicina estética Arcade y veo a alguien salir con una sonrisa radiante, pienso en cómo estos tratamientos son como un empujoncito para quererte más. No se trata de bisturíes ni de cambiarte la cara, sino de pulir lo que ya tienes hasta que brille con luz propia. Es un arte que combina ciencia, cuidado y un poco de atrevimiento, y en este rincón gallego lo están haciendo tan bien que te dan ganas de apuntarte al club de los que se miman sin remordimientos.